
Pasear por las tardes entre los campos de lavandines es una experiencia realmente relajante. Escuchas el zumbido de las abejas y te llega el aroma de lavanda. El paisaje se tiñe de malvas azulados...







En las horas de la madrugada antes de la salida del sol, existe la costumbre de recolectar hierbas curativas:
Bajo la suave luz de la Luna unas espigas azuladas vibran con el viento, es la salvia. Los pequeños racimos de diminutas flores blancas o rosadas de milenrama se agitan alegremente. Los coloridos ramos de pétalos comestibles de los crisantemos de los prados simbolizan el Sol y la inmortalidad. La hiedra en la Antigüedad era empleada para realizar sortilegios de amor y fidelidad, para protegerse contra la negatividad y para invocar a los espíritus de la Naturaleza. El rusco colocada en las puertas de las casas da protección contra las energías negativas. La artemisa, con propiedades ligadas a los viajes seguros y felices. La más conocida es la hierba de San Juan o hipérico, con ella se alivia la depresión y, según los tratados de magia, protege contra los malos espíritus.